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lunes, 27 de junio de 2011

La Asociación NEN (Niños Enfermos de Neuroblastoma) en "Contamos Contigo"

El pasado sábado 25 de junio, entrevistamos en nuestro programa "Contamos Contigo" a los representantes de la Asociación NEN - Niños Enfermos de Neuroblastoma, quienes nos informaron de los objetivos y actividades de su organización.

El neuroblastoma es un cáncer infantil que se forma en el sistema nervioso. Es el tercer tumor pediátrico más frecuente, y aunque se han registrado avances en su proceso de curación, éste es todavía dificil.

La Asociación NEN agrupa a familiares de niños afectados por neuroblastoma, ayudándoles y proporcionándoles el apoyo necesario para superar la enfermedad. También se ocupa de informar a los pacientes sobre los tratamientos existentes, y de apoyar económicamente la investigación sobre esta enfermedad.

Desde aquí nuestra solidaridad con esta asociación, con los niños que padecen esta enfermedad, y con sus padres y familiares.

Más información en http://www.asociacion-nen.com/

jueves, 16 de junio de 2011

Trastornos Alimentarios.

La joven de la foto se llamaba Isabelle Caro. Era francesa, modelo, y padecía anorexia desde los 13 años.

Se hizo famosa por prestar su imagen para una controvertida campaña contra esta enfermedad, patrocinada por una marca comercial de moda.

Falleció a los 28 años.


Anorexia Nerviosa.

Todos hemos padecido anorexia alguna vez, ya que “anorexia” (sin adjetivos) es la pérdida de apetito por una disfunción orgánica (por ejemplo, a causa de una gripe). Distinta es la anorexia nerviosa, que es la voluntad de suprimir el deseo de comer.

La anorexia nerviosa afecta en la actualidad al 1% de las mujeres adolescentes y jóvenes (menores de 30 años), y al 0,1% de los hombres. Es un trastorno propio de sociedades desarrolladas, que va en continuo aumento a partir de los años 60, desde que la exhibición del propio cuerpo y la “estética” asociada se han revelado como un mercado de enorme potencial.

Aún siendo un trastorno muy de nuestro tiempo, hay referencias históricas que documentan su existencia en épocas pasadas. Por ejemplo, ya en el siglo XVIII Richard Morton lo describía en detalle, denominándolo “consunción nerviosa”.

Síntomas de la Anorexia Nerviosa.

Los principales síntomas que registran las personas afectadas por este trastorno son los siguientes:

  • Alteraciones de la percepción, viéndose estas personas más gruesas de lo que realmente están. Esta deformación puede ser interoceptiva o intraceptiva (por ejemplo, las amigas).
  • Se ven más gordas nada más terminar de comer. Este fenómeno se denomina “catatimia”, es decir, una alteración perceptiva con componente afectivo (la afectividad se entiende como la alteración de los sentimientos, los deseos y el sufrimiento).
  • Muestran tendencia a adelgazar indefinidamente, o bien a mantenerse con un peso menor del 85% del peso normal.
  • Niegan el peligro para su salud. Esta conducta en ocasiones se ve reforzada por análisis de sangre en los límites inferiores de los valores “normales”.
  • Miedo intenso a llegar a ser obesas y repugnancia por la obesidad, hasta el punto de rechazar ostensiblemente su trato social con quienes consideran “gordos”.
  • Una autoevaluación y autoestima determinadas fuertemente por la silueta; en los casos severos, sólo por la silueta.
Subtipos de Anorexia Nerviosa

Anorexia nerviosa restrictiva: Es una reducción muy drástica de la ingesta y variedad de los alimentos, sobre todo los de nivel calórico: pan, fécula, pastas, dulces. Acompañan la restricción con un ejercicio físico excesivo, incluso absurdo. Este tipo es de comer menos y ejercitar mucho. No existen purgas.

Anorexia nerviosa compulsiva – purgativa: Pasa desapercibida si no se llega a la delgadez extrema. Muchas veces, ni siquiera el facultativo llega a diagnosticarlo. Además de restricción, ejercicio excesivo, toma de anorexígenos, suele haber atracones de comida. También son frecuentes las purgas y la toma de diuréticos.

Consecuencias de la anorexia nerviosa.

  • Amenorrea - Pérdida de la regla; si dura más de 6 meses, puede llegar a ocasionar problemas hormonales, alteraciones del calcio y osteopenia
  • En pre-puberales puede darse una ralentización del desarrollo sexual y físico, con disminución de la talla total.
  • Estreñimiento, intolerancia al frío, aparición de un vello fino en el tronco (lanugo).
  • Piel más seca y amarillenta por aumento de carótenos. Aparición de petequias, manchas rojas en extremidades por mala circulación.
  • Aumento de la segregación de las glándulas salivares.
  • Anemia.
  • Leucopenia.
  • Disminución del nivel de estrógenos o del nivel de testosterona.
  • Alteración de la hormona tiroidea T-3.
  • Aumento del cortisol, muy relacionado con el estrés.
  • Alteraciones cardíacas que se detectan en un electrocardiograma.
  • Alteración de la tensión arterial.
  • Disminución del magnesio, cloro, zinc y fósforo.
  • Erosiones dentales y callosidades en las manos.
La anorexia nerviosa se asocia a otros trastornos psicopatológicos:

  • Depresión, presente en un 60% de los casos, favoreciendo las conductas de suicidio.
  • Trastornos de ansiedad, en un 40%.
  • Trastornos de la personalidad asociados a un 50%  de los casos.
  • Abuso del alcohol y otras sustancias, o trastorno del control de los impulsos (éstte es característico de la anorexia nerviosa de tipo compulsiva-purgativa).
  • Se puede convertir en una personalidad adictiva e impulsiva: ludopatía, trastorno explosivo, etc.
Y no olvidemos lo principal: la anorexia nerviosa no tratada, en última instancia, puede provocar  la muerte.

Factores predisponentes de la anorexia nerviosa.

Este trastorno se produce por una incidencia multifactorial.

  1. Influye el lugar de residencia, así como la estética y la importancia atribuida a lo “físico” que imperen en el ámbito domiciliario.
  2. Se registra más en culturas donde la imagen externa tiene una extrema importancia.
  3. Ocurre más en tiempos de bonanza económica, y en las clases sociales más altas.
  4. También se da con más frecuencia en pacientes cuyos familiares directos han sufrido sus este trastorno.
  5. Predisposición genética (muy minoritario).
  6. Existencia de hechos traumáticos: muerte, separaciones, abusos, etc.
  7. Alusiones a la obesidad de carácter traumático.
  8. Síndrome de “Peter Pan” (personas que se niegan a crecer y a adquirir los rasgos biológicos que denotan adultez o madurez).
  9. Presencia de otros trastornos psicopatológicos previos: depresivos, ansiedad, personalidad obsesiva, de control de los impulsos, etc.
  10. Rechazo social, mala integración.
  11. Presencia de abundantes regímenes alimentarios.
  12. Profesiones facilitadoras: modelos, deportistas o bailarinas.
Bulimia Nerviosa.

Ocurre en el doble de casos que la anorexia nerviosa, tanto en hombres como en mujeres. La bulimia nerviosa es un trastorno muy parecido a la anorexia nerviosa de tipo compulsiva – purgativa, diferenciándose de ésta en que no hay una pérdida significativa de peso, ni amenorrea. Quienes la sufren, a ojos de los demás, son personas con apariencia de peso normal.

Se caracterizan por atracones frecuentes (al menos, dos por semana). Estos  atracones se son de un tipo muy determinado:

  • Ansiedad antes del atracón, acompañada de  sentimientos de frustración o depresivos. El sujeto come por compensación gratificante.
  • Durante el atracón se ingiere una gran cantidad de comida en poco tiempo (se come muy rápido). Se tiene la sensación de no poder parar.
  • Después del atracón, la persona se siente gratificada y disminuye el estado de ansiedad, pero rápidamente aparecen fuertes sentimientos de culpa: autoreproches, autoculpabilidad, sentimientos depresivos y ansiosos, generándose el círculo vicioso.

Subtipos de Bulimia Nerviosa.

Bulimia nerviosa purgativa: Se caracteriza por el vómito autoinducido tras el atracón, junto con abuso de diuréticos, laxantes o fármacos anorexígenos, pudiendo haber o no restricción alimentaria. Los atracones alternan con austeridad absoluta de comida.

Bulimia nerviosa no purgativa: No se recurre a ningún tipo de purga, sino al ejercicio excesivo o la dieta restrictiva, alternando con atracones o no. De esta conducta resultan personas muy obesas.

Pensamientos dañinos y de riesgo en trastornos alimentarios.

Aunque nos resulte difícil de creer, el enfermo que padece uno de estos trastornos vive sumergido en una “locura cognitiva”, que le provoca pensamientos distorsionados, dañinos y de gran riesgo para sí mismo. Veamos una muestra de éstos:

  • Mientras yo esté delgada todo me da igual.
  • Los demás quieren que engorde porque me tienen envidia.
  • Cuando adelgace lo suficiente paro.
  • Me da asco comer.
  • Nadie me entiende.
  • Creen que me van a engañar, pero no lo van a conseguir.
  • Lo importante es tener controlado todo lo que como y bebo.
  • El día ha terminado, he conseguido controlar la comida, pero estoy agotada.
  • Hoy es mi último atracón.
  • Toda mi vida gira en torno a la comida.
  • Soñaba con cantidades de comida que me perseguían.
  • Mentía y mentía a todos.
  • Me propuse hacer dos mil abdominales diarios.
  • Apuntaba todo lo que comía, bebía y gastaba.
  • Me atracaba y vomitaba varias veces al día.
  • Si comía más tenía que hacerme daño, me pegaba.
  • Gastaba mucho dinero en pastillas y cremas.
  • Robaba a mi madre para comprar comida.
  • Dejé de salir para no tener que comer o beber.
Comportamientos que nos pueden alertar.

Aunque no es una lista completa, si observamos en una persona allegada varios de los comportamientos siguientes, debemos alertarnos y posiblemente acudir a un profesional de la salud:

  1. Restringe Alimentos.
  2. Se marcha al aseo nada más comer.
  3. Uso diario de laxantes y diuréticos.
  4. Ejercicio de modo compulsivo.
  5. Tomar alimentos demasiado calientes.
  6. Abuso de los edulcorantes.
  7. Toma de infusiones o colas de modo intenso.
  8. Toma de chicles o caramelos de modo frecuente.
  9. No querer sentarse ni descansar.
  10. Contar las calorías, hablar de la comida, almacenar comida o envoltorios vacíos .
  11. Esconder comida en servilletas, bolsillos o cajones para luego deshacerse de ella.
  12. Evitar comer en público.
Nuestro programa “Contamos Contigo”, en su emisión del sábado 11 de junio,
estuvo dedicado a analizar los trastornos de la alimentación,
destacando sus dos variantes más comunes: la anorexia y la bulimia,
ambas en su vertiente nerviosa.

sábado, 28 de mayo de 2011

Porque no Sabéis ni el Día ni la Hora ...

Vivimos en un entorno global inseguro e impredecible que modela nuestro cotidiano sentir interior. Este nuevo equilibrio psicológico se caracteriza por la sensación generalizada de incertidumbre y la conciencia de vulnerabilidad.

Lo que hace que nuestras circunstancias actuales sean diferentes es que, en los últimos 30 años, muchas de las fuerzas destructivas que durante siglos arruinaron nuestro sentido de seguridad han sido, en gran medida, minimizadas por el progreso de la ciencia y la evolución sociopolítica de la Humanidad. Como consecuencia de estos avances (no sólo científicos), hoy la mayoría de las personas esperan poder programar razonablemente su futuro y vivir una vida segura, satisfactoria y completa.

El Dr. Trujillo, tras los atentados del 11-S, ha calificado al S. XXI como la “era de la vulnerabilidad”. En concreto, si al hecho del terrorismo desigual unimos a los sucesivos desastres naturales de consecuencias devastadoras, obtenemos esta vulnerabilidad que es sentida y percibida por sociedades antes bien asentadas en cuanto a proyecciones de futuro y seguridad comunitaria.

El sentido de futuro está muy arraigado en los seres humanos. En cada momento pensamos lo que vamos a hacer en los siguientes momentos de nuestra vida. Cuando somos pequeños nos proyectamos en ser adultos, y cuando ya hemos llegado, nos proyectamos en cómo garantizar y velar por la vida de nuestros jóvenes o nietos.

Un objeto que evidencia esta preocupación organizativa es el calendario, o los almanaques y agendas que utilizamos para gestionar el devenir y para proyectar nuestras ilusiones y afanes en tiempos venideros, con la “certeza” de que la materialización de dichas ilusiones dependerá sólo del paso del tiempo y de nuestras fuerzas. Casi nunca contamos con incidencias azarosas. Nuestros planes, ilusiones y expectativas se alimentan de la esperanza, la cual es el pan del alma.

Las personas albergamos dos clases de esperanza: una general, más difusa y en relación con nuestras creencias y fe, y otra más concreta y a corto plazo, materializada en nuestra fuerza de voluntad día a día para conseguir unos objetivos propuestos.

Los individuos esperanzados, cuando se enfrentan a un desastre o a un infortunio, tienen mayores probabilidades de supervivencia y de éxito por su propio tejido de personalidad, al anticipar que van a encontrar una solución válida, por lo que perseveran con más tesón. Mientras que los individuos más negativos pierden el sentido de futuro y pueden verse arrastrados por las circunstancias.

En la actualidad, nuestra sensación general de seguridad es bastante precaria. Diariamente, los medios de comunicación nos bombardean con noticias de calamidades ante las que nos sentimos impotentes. Especialmente perturbadora es la sospecha de que ciertos dirigentes, ayudados por algunos medios de comunicación, puedan estar fomentando el miedo colectivo, con el fin de estimular el espíritu de uniformidad conformista o conseguir el apoyo ciego a “medidas protectoras excepcionales”. Siendo estas medidas, muchas veces, oportunidades restrictivas en libertades civiles. Este tipo de sospecha sobre el posible manejo de la población por parte de algunos líderes políticos desencadena inestabilidad e indignación.

Todas estas circunstancias sociales, y los pensamientos contraproducentes que conllevan, hacen que nos sintamos física y emocionalmente frágiles, aprensivos, como si nuestro plan de vida pudiese borrarse de un día para otro. El inconveniente de esta vigilancia continua nos impide relajarnos, interfiere en nuestra capacidad de relacionarnos, de funcionar laboralmente y de disfrutar de nuestro ocio. También afecta a nuestro sistema inmunológico, y nos predispone a sentir dolencias físicas o emocionales,

La sensación de que controlamos razonablemente nuestra vida cotidiana es también un componente esencial de nuestro equilibrio emocional, pues alimenta la confianza en nosotros mismos y nuestras facultades.

La difusión por parte de los medios de información de los desastres naturales o de las consecuencias del terrorismo o las guerras en directo, hace que el impacto y la respuesta global sea más invalidante que cualquier vivencia en directo. El ser humano se pone en transmisión vicariante con la víctima, pudiendo sentir y pensar de igual modo aunque se encuentre a cientos de kilómetros del conflicto.

La conciencia de vulnerabilidad está alimentada por el miedo a lo imprevisto y desconocido. Se trata de un miedo indefinido, latente e incómodo, que nos roba la tranquilidad, nos hunde el ánimo, y nos transforma en caracteres aprensivos, suspicaces, irritables, asustadizos, tímidos y distantes. Este miedo no sólo nos afecta a nivel individual, sino que se extiende a nivel comunitario.

Si este miedo debilitador perdura, termina secuestrándonos en una nube que nos paraliza. Una vez que nos sentimos presos de la angustia y la impotencia, también vemos minada la capacidad de pensar con claridad y de tomar decisiones

Todos nos adaptamos constantemente a los cambios de nuestro cuerpo y de nuestro entorno. Por ejemplo, los niños que han sufrido secuelas físicas o emocionales, en menos de 5 años pueden recuperar el mismo nivel de satisfacción que antes de lo ocurrido. Está demostrado que nos habituamos mejor a sucesos que esperamos, que a los imprevistos.

Ante cualquier infortunio, el grado de adaptación siempre es personal, y también depende de la intensidad del desastre y del significado que le demos. Así, el grado individual de adaptación que tenemos para afrontar un desastre dependerá de tres factores:

1.- El instinto de supervivencia – Así nacemos
2.-Aspectos adquiridos que configuran nuestra manera de ser – Según nos hacemos.
3.-Estrategias que hayamos aprendido – Tal y como aprendemos

Editorial del programa "Contamos Contigo" sobre la Muerte Inesperada

Vivir lleva aparejado, casi inevitablemente, el deseo de vivir. Puede parecer una perogrullada, pero no podríamos vivir, seguramente, sin querer seguir viviendo. Incluso aquellos que podemos estar, por razones religiosas, menos preocupados por la idea de la muerte, para ser sinceros, no tenemos ninguna prisa por pasar a la vida eterna o al purgatorio.

Quizá por ellos, tenemos, desde que nacemos, la idea falsa, pero firmemente asentada en la mente, de que hemos de vivir mucho, todo lo posible, incluso especulamos, inútil y estúpidamente, sobre los años de vida que aún tenemos por delante teniendo en cuenta que, lo más probable, es que vivamos hasta los 80, 90 o 100 años.

Venimos al mundo sin nada, y desde luego sin un contrato de permanencia que nos vincule a este mundo por equis tiempo. Venimos cuando Dios quiere y nuestros padres lo deciden, y nos vamos cuando la Providencia encuentra un sitio mejor para nosotros. Así de fácil pero de compleja es la cosa, por mucho que nos cueste aceptarlo.

Cuando ocurre una desgracia natural, un terremoto, un tsunami, la erupción de un volcán o una tormenta tropical (hechos casi siempre inesperados), es cuando mejor observamos la resistencia natural que el ser humano tiene a dejar esta vida. La muerte nos parece entonces especialmente injusta, y establecemos extraños criterios según los cuales es a otros a quienes les correspondería morir antes que a nosotros o a los nuestros.

Sólo algunas sociedades, familiarizadas con la idea de la muerte por sus ancestros, reaccionan con una madurez y entereza que nosotros definimos erróneamente como "frialdad" o incluso "falta de humanidad". A los ibéricos o mediterráneos nos parece que lo verdaderamente humano es lanzar alaridos de alto voltaje cuando la desgracia llama a nuestra puerta y aparece la innombrable con su guadaña.

Qué distintas algunas estampas de Japón y de Lorca, a pesar de que la Muerte se hizo especialmente presente con mayúsculas en el país nipón. Los vecinos de Fukushima respondían a los periodistas, después de haberlo perdido todo y de no saber si iban a estar vivos al día siguiente, con la entereza y la serenidad que dan la asunción serena de que estamos aquí para morir. Nuestros compatriotas, en cambio, pedían tras el reciente terremoto murciano, respuestas que nadie tiene a preguntas imposibles de responder.

La vida terrena es un viaje maravilloso que hay que disfrutar y, sobre todo, aprovechar para ser cada vez mejor. Y vivir sin miedo, tampoco a la muerte, es no sólo la mejor forma de hacerlo, sino también la que más nos acerca a la vida eterna.

Esta entrada recoge el editorial de la emisión de "Contamos Contigo" del 21 de mayo. Ha sido elaborado por Rafael Nieto-Aliseda Causo, Director de "Contamos Contigo" y colaborador de nuestro blog.

domingo, 22 de mayo de 2011

Los Grupos Psicopáticos

Los psicópatas no existen sólo en las películas de suspense o de terror, sino que están presentes en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Hoy se sabe que, en términos estadísticos, uno de cada cien mil individuos tiene rasgos psicopáticos. Posiblemente, no pocos  de nosotros tendremos un familiar, un compañero, o un conocido afectados por este trastorno, aunque no lo sepamos.

Pero no sólo hay individuos psicopáticos, sino también grupos psicopáticos. Son grupos de personas que, en conjunto, se comportan frente a los otros grupos y frente a la sociedad en general como auténticos psicópatas, exhibiendo todos los rasgos de la psicopatía. Las organizaciones terroristas son el más claro ejemplo de grupo psicopático.

La opinión pública es que la psicopatía es sólo criminal. Esta creencia, muy comúnmente aceptada, es un desconocimiento muy inconveniente para desenmascarar a los más peligrosos sujetos que incapacitan la marcha de la sociedad: los psicópatas en apariencia integrados.

El psicópata es el individuo o grupo que desafía a todos y que quiere hacer su voluntad a toda costa, sin importarle en absoluto el daño causado a los demás. El peligro de nuestras sociedades garantistas es considerar la psicopatía individual o grupal como algo raro y propio del cine negro o de la industria del entretenimiento. De esta manera, los sujetos que poseen características psicopáticas pasan inadvertidos y pueden operar con total impunidad. Aunque la sociedad, eso sí, registra de modo impactante las secuelas de sus crueles acciones.

¿Cómo es un individuo o grupo psicopático?

Son grupos o individuos que tienen inhibidos sus emociones y sentimientos hacia el grupo o individuo exógeno (las víctimas). No reconocen otra “ética” que la propia, estando pues libres de frenos para aprovechar sus ventajas o fuerzas a fin de obtener bienes o posiciones de privilegio. Se arrogan el derecho a inculcar cualquier ley porque se consideran por encima de todo valor social, y destruirán cualquier impedimento que coarte sus objetivos.

Existen un término que aplica Meloy, denominándolos “estúpidos morales”, puesto que no se vinculan nunca al dolor y sufrimiento que dejan sus acciones en los demás. Literalmente, no ven el dolor que causan en sus víctimas.

Los individuos o grupos psicopáticos tienen apariencia normal, porque nos fijamos en sus intenciones verbales y no en sus acciones, ya que tenemos la necesidad de creer que forman parte de nuestro entorno social. El resultado es que se convierten en una grave amenaza para nuestra estabilidad social, para nuestras finanzas, y en ciertos casos, para nuestras propias vidas.

Dos características del entorno grupal psicopático son el ocultamiento y la simulación; en particular, la capacidad de fingir lo que no se es (por ejemplo, ser democráticos), o de aparentar propósitos y emociones que no se poseen. Una vez el grupo psicopático alcanza una posición de poder e influencia, pone de manifiesto una energía renovada e inusitada para su faceta más brutal y endogámica: obtener el dominio y el control de su entorno acosta de lo que sea.

Rasgos de los grupos psicopáticos

Control de la imagen: Buscan convencer y encandilar a aquellos sujetos que les pueden proporcionar una situación beneficiosa, y para ello utilizarán la mentira, el engaño y la impostura. Suelen confundir con facilidad si no hay observadores entrenados. A menudo relatan historias y proyectos que les dejen en buen lugar y que les permitan una ventana de éxito en el futuro.

Las emociones y la conciencia: Los grupos delictivos tienen ausencia de culpa, junto con falta de remordimientos por las acciones cometidas a sus víctimas. Es inútil pedirles responsabilidades, puesto que no reconocen a los otros como iguales a ellos, sino como inferiores y el blanco de sus propósitos. Se presentan como fríos y excesivamente racionales.

Falta de sentido común: Es muy característico un discurso excesivamente fanático, pero sus objetivos están alejados de la realidad, no tienen perspectiva del futuro. Su sentido vital es el deseo de superioridad frente al resto.

Conducta antisocial o delictiva: Su extrema facilidad para la violencia y la burla de las leyes es una constante. Son sujetos entrenados para canalizar su rabia intensa en la destrucción de la víctima, y pierden fácilmente la compostura cuando se encuentran frenados por el sistema que aborrecen (por ejemplo, terroristas frente a magistrados)

La impostura: Según el diccionario, “impostor” es aquél o aquellos que se hacen pasar por lo que no son. Se presentan ante el grupo víctima con el deseo de aparentar competencia y servicio, cuando en realidad utilizan la credulidad del sistema para sus propios fines depredatorios. El grupo psicopático no finge ser otro grupo diferente, puesto que sería muy evidente, sino ser un grupo mejor de lo que es, puesto que esto sí es creíble, e incita a la duda del cambio y de la nueva oportunidad. Esto es una trampa mortal para las víctimas. Utilizan una máscara sólo de modo temporal, de forma accesoria, mientras les hace falta y les conviene.

Desprecio a la inteligencia de la gente: El grupo psicopático se entroniza como superior y con más valía que sus víctimas, tratándoles como seres inferiores y merecedores de su impostura.

Desprecio por lo emocional: Cualquier apelación a los sentimientos y rastro de dolor hacia sus víctimas lo consideran un sentimentalismo barato y de orden inferior a sus elevadas metas.

Ausencia total de culpa: No poseen arrepentimiento real, y no lo harán nunca público, salvo si lo exige la manipulación. En su lugar aparecerá una nueva manipulación, con un círculo más refinado de seducción y vuelta de tuerca para conseguir la credulidad de su entorno.

Indicadores del grupo psicopático.

  • Haber cometido anteriormente hechos violentos con varias personas
  • Justificar y aprobar la violencia como modo de solucionar los problemas.
  • Abuso de sustancias o tráfico de las mismas para conseguir mantener una posición de fortaleza
  • Tener cambios bruscos de pareceres como mesetas de recomposición de la situación contra la víctima
  • Conductas de humillación y desprecio verbal: exclusión social, rechazo manifiesto al grupo mayoritario
  • Ser posesivo y fanático en sus planteamientos, en este caso territoriales
  • Tener dificultad para reconocer que otros pueden tener razón.
  • Tener ideas delirantes de persecución o falsa memoria que les justifique en su violencia.
  • Despreocupación por los intereses y necesidades de los demás.
  • Aislar o debilitar mediante la separación o la desunión a las víctimas o al gran grupo.
  • Acosar, perseguir, amenazar y espiar

Qué hacer para luchar contra el grupo psicopático.

  1. Las víctimas han de recordar cuáles son las metas propias y cuáles las del grupo de terror, diferenciarlas y oponerse a ellas.
  2. Ha de analizarse sin emotividad cuáles son las motivaciones reales del grupo psicopático para ejercer la violencia: es el poder o la conquista de mayores beneficios.
  3. Ha de valorarse si se trata de una violencia instrumental o emocional, para así poder anticiparse mejor a los deseos y mensajes ocultos de la violencia.
  4. Las víctimas han de identificar los modos en los cuáles podría entorpecer y anular el grupo de terror al grupo mayoritario: el asesinato, la manipulación ideológica, la impostura.
  5. Estudiar los recursos que tiene la sociedad para anular y perseguir a estos grupos o individuos: justicia, movilizaciones, confrontaciones, economía.
  6. Elaborar un plan conjunto de actuación y ponerlo en práctica.

sábado, 30 de abril de 2011

Esquema de la Tartamudez o Disfemia

Nuestro programa de radio Contamos Contigo, en su emisión del sábado 30 de abril de 2011, ha estado dedicado a analizar la tartamudez, o disfemia. Aunque se trata de un trastorno conocido y documentado desde la antigüedad, es recientemente cuando ha recibido una mayor atención de nuestra sociedad, a raíz de la película “El Retorno del Rey”.

Para quienes deseen conocer lo esencial de este trastorno, de forma breve y concisa, hemos preparado este esquema de la tartamudez o disfemia en 10 puntos.

1.- Definición y síntomas

La disfemia o tartamudez es un trastorno de la comunicación (en concreto, del habla), no del lenguaje. Es un trastorno que provoca intenso miedo y estrés. Sus síntomas son:

  • Interrupciones involuntarias del habla
  • Repetición de sonidos y sílabas
  • Prolongaciones de sonidos
  • Bloqueos y pausas tensas
  • Palabras fragmentadas e interjecciones (disfluencias).

2.- Manifestación orgánica.

Tensión muscular en los labios, mandíbula y cuello, temblor en labios, mandíbula y lengua en los intentos de la comunicación, giros de los ojos hacia los lados, taconeo y giros de la cabeza.


3.- Tipos de disfemia.

  • Tónica: Interrupciones por espasmos. Durante las interrupciones el paciente muestra rigidez y tensión faciales. Es la de peor diagnóstico.
  • Clónica: Repeticiones de sílabas y palabras enteras, más frecuentes en consonante que en vocal y en oclusivas. Se suelen dar al principio de la palabra.
  • Tónico-clónico mixta: Es el más frecuente, es raro encontrar un tónico o clónico mixto.

4.- Apuntes históricos sobre la disfemia.

Aristóteles señalaba como responsable al órgano lingual. Esta idea se mantuvo hasta el s. XIX, durante el que los cirujanos intentaban corregirla con prótesis y ensanchamiento de vías respiratorias: vegetaciones o amígdalas. Freud asoció la tartamudez a crisis nerviosas en las que pujaban por salir al exterior los deseos reprimidos.


5.- Causas.

No existe un criterio médico o científico común, pero sí se ha convenido que la disfemia es una combinación en intensidad de:

  • Factores constitucionales (vegetaciones, facies adenoidea)
  • Factores ambientales (familias restrictivas)
  • Predisposición genética, neurología (impulsivos o autistas)
  • Factores psicológicos (introversión, fobias, ansiedad)
  • Factores sociales (liderazgo, presión social).

6.- Prevalencia y factores de riesgo de la disfemia.

Alrededor del 5% de los niños entre 2 y 5 años padecen disfluencias, aunque el 80% remiten de modo espontáneo coincidiendo con su maduración. Los principales factores de riesgo identificados: ser varón, historial familiar de tartamudez, coexistencia de retraso en la articulación y desarrollo del lenguaje, y persistencia del problema durante al menos 18 meses o más.


7.- Signos de alarma.

  • Repeticiones de parte de palabras, palabras  y frases en número y frecuencia.
  • Cambios de intensidad y frecuencia de la voz.
  • Pausas, interjecciones y muletillas, en número mayor de lo habitual.
  • Incomodidad al hablar.
  • Esfuerzo al hablar.
  • Prolongaciones de palabras.
  • Tensión corporal visible y audible.
  • Dificultad al empezar a hablar y mantener el patrón respiratorio.
  • Cambio de palabra por temor al bloqueo.
  • Evitar hablar o contestar con monosílabos.
  • Poca participación pública en conversaciones.

8.- Tartamudez y familia.

Hay varios factores familiares que influyen en la posibilidad de que los hijos desarrollen disfemia:

  • Estilo de habla de los padres: Velocidad del habla, ritmo de conversación, frecuencia y tipo de preguntas, extensión y complejidad de las frases.
  • Patrones de interacción familiar: Modo de tomar el turno de palabra, tiempo cedido al hablar, inicios y cambio de tema, demandas de actuación verbal.
  • Relaciones de los familiares ante la tartamudez: Comentarios negativos, instrucciones para que hable de otra manera, sentimientos negativos.
  • Estilo de vida familiar: Estructurada vs desestructurada, altas o bajas expectativas, estable vs inestable, disciplina clara vs confusa.

9.- Evaluación de la tartamudez.

  • Se realiza mediante la observación y el registro de datos del paciente.
  • Comienza con una anamnesis (recoger el historial de todos los datos médicos, familiares, sociales y académicos del paciente).
  • Seguidamente, se realizará la observación en consulta del habla espontánea, y su comparación con el patrón de habla normal.
  • Instrumentos más frecuentes: test de lectoescritura, cámaras grabadoras de voz y de imagen, contadores, cronómetros, neumopolígrafos (toma de aire).
  • Especialmente relevantes los antecedentes familiares, retraso en la aparición del lenguaje, lateralización, trastornos de la articulación, etc.

10.- Consejos prácticos para la intervención en casa.

  • La tartamudez no afecta a la capacidad intelectual del individuo.
  • El niño no debe evitar el tartamudeo.
  • Si se evita la disfluencia el problema se desviará a la autoestima.
  • No debe animarse al niño a que haga conductas estrafalarias para hablar.
  • Es preciso permitirle todo el tiempo necesario para que hable.
  • Es preciso que el adulto descubra su propia ansiedad ante el disfémico.
  • Debe valorarse más el contenido que la forma.
  • No deben realizarse correcciones sobre el lenguaje.
  • No es conveniente interrumpir o completar sus frases.
  • No se debe emitir juicio o crítica.
  • Se le debe estimular a que participe en lo más posible en conversaciones públicas, pero nunca se le forzará a actuaciones en público.

lunes, 18 de abril de 2011

La Soledad de los Mayores

La soledad tiene dos acepciones bien diferenciadas. La primera identifica la soledad con la quietud y el silencio que atraen e invitan al recogimiento, al contacto íntimo con uno mismo. Otra acepción nos remite a la soledad que asusta, a la impuesta, la que aprisiona y suscita nuestros propios fantasmas.

La primera es escogida, sonora y fecunda; para disfrutar de esta soledad se necesita un mínimo de madurez. La otra soledad es desarraigada, desolada, infructuosa y estéril, acompañada de comportamientos antisociales. Esta soledad es más característica de sociedades civilizadas donde el individualismo y el consumismo vacían al sujeto de interioridad.

La soledad mal llevada acarrea múltiples problemas emocionales, conductuales y sociales, como el abuso y consumo de sustancias tóxicas, insatisfacción vital, depresión, tendencia al suicidio, ansiedad y vulnerabilidad en la salud

Características y procesos psicológicos de la Soledad

Todos somos vulnerables a padecer sentimientos de soledad. No obstante, la intensidad con que pueden afectarnos estos sentimientos depende de unos factores bien delimitados según estudios metodológicos:

  • Actitudes hacia uno mismo. Existe una conexión fuerte entre autoestima, sentimiento de inferioridad y soledad.
  • Emociones. Igualmente se constata la relación directa entre soledad y estados emocionales como tensión, fatiga, confusión, aburrimiento, falta de esperanza e indefensión.
  • Procesos sociales. La sensación de soledad se asocia con la percepción de estatus y calidad de nuestras relaciones. También está inversamente relacionada con el número de relaciones sociales y la frecuencia de nuestros contactos.
  • Estrés relacional. Son los aspectos negativos de la soledad: Amenazas o suspicacias, aislamiento social, conflictos amorosos o rupturas.
  • Percepción interpersonal del yo y del otro. Las personas solitarias son más negativas, críticas y angustiosas en sus relaciones.
  • Grado de dominio y de ejercicio de las habilidades sociales, y de nuestras capacidades o características de introversión, timidez, comunicación, o lenguaje gestual.

Conceptualizaciones sobre la Soledad

El ser humano es un ser social por naturaleza desde su nacimiento hasta su muerte. Todo ser humano tiende al encuentro, a la relación vital significativa con los demás para ocupar los espacios vacantes para su “ser relacional”. Cuando la persona comprueba que no puede o no tiene opción para establecer ese contacto que le permite ser quien es, entonces aparece la soledad.

Soledad es el convencimiento apesadumbrado de estar excluido, de no tener acceso al mundo de interacciones tiernas y profundas del que todos tenemos derecho a disfrutar.

La vejez es uno de esos momentos vitales en los que más fácilmente se puede experimentar la soledad. Es una etapa que se caracteriza por una sucesión de pérdidas: trabajo, estatus social, cónyuge, algunas capacidades físicas, que en conjunto facilitan la experiencia de soledad.

Los datos rigurosos de los que se dispone actualmente nos dicen que tan sólo el 8% de los ancianos de España se sienten solos (no que estén solos). Así pues, no tiene tanta base el estereotipo de que todas las personas mayores se sientan solas y menos aún que estén abandonadas. Sin embargo, el sufrimiento de los ancianos que sí la padecen, y el riesgo de que este porcentaje aumente por el endurecimiento de las condiciones de la vida moderna, justifican que conozcamos, estudiemos y reflexionemos sobre este fenómeno.

Las personas mayores que sufren soledad lo relatan como una experiencia desagradable y estresante, asociada a un impacto emocional, nerviosismo y angustia, tristeza, mal humor, automarginación, y creencias de ser rechazados.

Por todo ello, en los mayores hablamos de soledad objetiva y subjetiva:

  • La primera hace referencia a la falta de compañía, experimentada por personas que residen en su domicilio y que no viven la soledad como un sentimiento desagradable, aunque se hayan visto forzadas a vivir en este tipo de soledad.
  • La soledad subjetiva la padecen las personas que se sienten solas. Es un sentimiento doloroso y temido por las personas mayores. Pueden vivir este sentimiento desde la soledad o desde una compañía que ellos la experimentan como anómala o invalidante.

López y Cols hablan de tres tipos de aislamiento y soledad en mayores:

  • Soledad física o habitacional
  • Soledad moral
  • Aislamiento social

Se puede llegar a cualquier situación de las anteriores por causas diversas tales como:

  • Preferencia de mantener la autonomía, frente a la dependencia y sometimiento a otras relaciones familiares con menor protagonismo o directividad.
  • Imagen negativa de la vejez como etapa improductiva y desvalorizada.
  • Factores espaciales, urbanos o domiciliarios de mayor comodidad.
  • Factores psicológicos, como el síndrome de Diógenes, demencias, actitudes de abandono y falta de ritmos e higiene.
  • Miedo a salir de casa que genera dependencias o suspicacias.
  • Factores sensomomotores: visuales, auditivos y locomotores.

Existen dos hitos primordiales que marcan la frontera en el paso de la edad adulta y productiva a la época de la senectud:

  • La pérdida del trabajo laboral, la jubilación. Supone algo más que ganar dinero, implica seguridad en el futuro, prestigio social y satisfacciones internas como percepción de valía, competencia y utilidad.
  • La defunción de un cónyuge. Es el más determinante para la soledad. Tras décadas de convivencia, desaparecen de modo abrupto la compañía y la afectividad, dando paso a problemas adaptativos y relativos a la gestión del tiempo y tareas de nuevo cuño. La manera de vivir emocionalmente el final del cónyuge en su tramo de enfermedad determina significativamente la adaptación más rápida a la soledad impuesta, junto con la riqueza o pobreza de las relaciones entre el anciano y los hijos.

Son características 3 crisis asociadas al envejecimiento: la de identidad, la de autonomía y la de pertenencia, que pueden ser vividas como auténticas muertes sociales:

  • La primera hace referencia a todas las pérdidas que tiene que afrontar un anciano: el soltar el lastre de las capacidades y fortalezas. Aumenta la distancia entre el yo ideal y el real, y baja la autoestima.
  • La de autonomía viene dada por el deterioro del organismo y las posibilidades de desenvolverse de manera autónoma.
  • La última, la de pertenencia, tiene relación con la identificación de roles que se sienten perdidos.

Conclusiones

La experiencia que los ancianos pueden aportar al proceso de humanización de nuestra sociedad y cultura es más preciosa que nunca y les ha de ser solicitada, valorando los carismas propios de la vejez:

  • La gratuidad
  • La memoria y el sentido de la historia
  • La experiencia acumulada a lo largo de la existencia
  • La interdependencia y una visión más amplia y sabia de la vida.
  • El cultivo de la interioridad.
  • La importancia del ser frente al hacer
  • La prudencia

"La Soledad de los Mayores" ha sido el tema del programa "Contamos Contigo" emitido el sábado 2 de abril

sábado, 16 de abril de 2011

El Arte de Escuchar

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define la Escucha así:

Escuchar es una acción, y no una mera actitud de pasividad. Para que se de la escucha es necesario que alguien hable y que otro escuche.

Escuchar según esta acepción exige la comparecencia de dos personas. Una de las cuales realiza la acción de hablar y transmitir, mientras la otra se entrega a la tarea de oír con toda la atención.

Otra definición se corresponde con la escucha profesional del área terapéutica denominada Focussing  o terapia centrada en el paciente.

Escuchar es la manera de expresarse con presencia, empatía y terminología lingüística apropiada para que le devuelva a la persona lo que ha dicho, exactamente o parafraseando, sin intención de cambiar, agregar nada esencial ni tampoco hacer cambios en su experiencia.

Este concepto de escucha se denomina escucha activa o empática. Tiene unas técnicas muy concretas y muy delimitadas: reflejo de sentimiento y de contenido.

Aprender a escuchar

Escuchar, en cualquiera de las acepciones de este término, implica no guiar, no aconsejar y no manipular. Todas estas actitudes están muy presentes cuando oímos, pero no deben aparecer cuando escuchamos. Escuchar es también acompañar sin interferir. Hay un estupendo valor catártico en poder pensar en voz alta y compartir el problema con otro ser que está fuera de nosotros.

Oímos con nuestros oídos, pero escuchamos con nuestros ojos, mente, corazón, piel y entrañas.

 

La necesidad de sentirnos escuchados

La intimidad personal está vedada al exterior, pero a veces el nivel de presión y conflicto implica la necesidad de apertura al otro, porque la persona experimenta la dificultad de convivir consigo mismo.

Al mismo tiempo que la persona experimenta la necesidad de hablar, de abrir su yo, percibe también la acogida o no del “tú” que escucha. La escucha se prolonga en la obligación de acoger lo que el otro diga.

Cuando la escucha ha sido positiva, el “algo” ha llegado a su destino y se ha diluido la intensidad del conflicto del yo portador.

Cuando hablamos y escuchamos se nos revela la trama de la Inter-subjetividad de la convivencia y del hecho de ser sujetos sociales.

Escuchar es estar pendiente de quien habla: se trata de estar “colgados” del otro y con el otro, de su ser y de su contenido verbal. El fundamento de la escucha es el respeto profundo al otro. La escucha activa implica acoger lo que se dice y a quién lo dice. Escuchar es una de las formas de interrelacionarse más potentes del ser humano.

Escuchar es silenciar mi ser, es acallar mi egotismo, es curar mi herida narcisista y mis ganas de omnipresencia ante el otro. La persona tiene que estar “descentrada” de sí misma. La persona es tanto más “ella misma” cuanto menos está en ella. Por el contrario, “ensimismarse” es centrarse en uno mismo, hacer de la propia intimidad el centro de la vida personal, con exclusión de cualquiera.

Características que definen la acción de escuchar.

  • La apertura. Debemos estar abiertos al mundo cambiante, con capacidad de adaptación y flexibilidad. Hemos de limpiar nuestras deformaciones y nuestros viejos esquemas hacia el otro.
  • La temporalidad y oportunidad.  La acción de escuchar se da siempre en un contexto de diálogo que acontece en un tiempo y en un lugar. La persona que sabe escuchar sabe elegir el momento y el lugar idóneos.
  • La empatía. Es lo contrario al distanciamiento, o a la cortesía fría. Se trata de la capacidad de identificarse y caminar con el otro en su Presencia (el nudo del conflicto). Se trata de pertenecer al triángulo Tú, yo y el Algo o Presencia.
  • Evitar la guía o directividad con perífrasis de obligación, puesto que se trataría de una decisión elaborada por nuestro yo, pero no por el otro (aquel a quien queremos escuchar, por ejemplo un amigo o un paciente). Si insistimos en guiar, la “conversación” carecerá de validez para su rehabilitación.
  • Debemos olvidarnos de ser iluminados o sabios en la guía o en los consejos.
  • Realizar preguntas con técnica: por ejemplo, indicaciones de querer saber más desde el interés, o repetir una frase o palabra clave.

Errores más frecuentes al escuchar


Muchas veces creemos sinceramente que estamos escuchando y no somos conscientes de que, de hecho, no lo estamos haciendo. Algunos de los errores más comunes que nos impiden escuchar de manera real y efectiva son:

  • La burbuja del ruido. El ruido actualmente nos persigue sin dejarnos ni tan siquiera escucharnos a nosotros mismos. Se trata de una excesiva exposición a lo auditivo o al parloteo mental
  • Las prisas. Escuchar con la prisa de por medio es imposible. Se trata de comprometerse y vincularse, con lo cual el tiempo se detendrá por unos momentos. Lo contrario de la prisa es la paciencia y el detenimiento en el otro
  • La comunicación formal estereotipada. Lo formal encasilla la realidad en un etiquetado mental. En la comunicación formal las personas no pueden encontrarse, simplemente se encuentran sus roles  Los prejuicios impiden la comunicación.
  • Sesgos y prejuicios. Cuando sólo oímos podemos correr el riesgo de ofrecer mensajes contaminados que nos apartan de la escucha auténtica.
  • La comunicación no comprometida. Se trata de una comunicación farisaica, con alta dotación de formalismos pero de escasa implicación. El que escucha debe controlar lo que piensa, lo que siente, lo que deduce.
  • Un monólogo egótico. Se trasluce en una exposición y escucha del yo con el yo, el que habla está encantado de escucharse, y de tener al otro como decorado necesario del escenario

Contextos donde debe practicarse la escucha

  • En las familias, de modo bidireccional. Padres a hijos e hijos a padres.
  • En las parejas.
  • En la docencia: bidireccional: profesores-alumnos y viceversa.
  • En contextos clínicos. Especialista-paciente.
  • En los políticos y líderes. Fundamentalmente escuchar al pueblo
 "El Arte de Escuchar" ha sido el tema del programa "Contamos Contigo" del 16 de abril de 2011, en Radio Inter.